

CRÓNICA
Hector Ducci, MD (1915-1959) was a bright and energetic young physician who became one of the best known Chilean physicians abroad. Trained with Cecil Watson, MD, they both devised a method to measure conjugated bilirubin in serum ("direct-reacting bilirubin") and Dr. Ducci developed several laboratory techniques, mainly liver function tests, and proposed a practical clinical classification of jaundice. Probably one of his major contributions in hepatology was the use of high doses of
La humanidad está y ha estado en permanentes procesos de cambio, evoluciones, revoluciones, periodos de reflexión, periodos de acción.
Hay hechos, pensamientos, energías que impactan y transforman nuestra existencia individual o colectiva, global o local.
Hay personas que generan gran influencia en la sociedad de su época y, ocasionalmente, hay personas que trascienden a su tiempo.
Si somos capaces de darnos cuenta de estos fenómenos y lo verbalizamos y procuramos plasmarlo en la memoria colectiva y trasmitirlo que las generaciones siguientes, entonces cobran sentido como historia.
Si no revivimos con la palabra nuestras memorias, la historia deja de existir y
(Leer más)Palabras de Héctor Ducci Budge
Dos días atrás, en el homenaje que se rindió en su honor y al que casi todos los aquí presentes concurrieron,
Me cabe el honor en ésta ocasión de rendir un homenaje al que fuera el creador de un moderno Servicio hospitalario. Tuve la oportunidad de conocerlo cuando se iniciaba en el Servicio de Medicina el programa de médicos becados bajo la Jefatura del Dr. Hernán Alessandri. Recién ingresado me llamó la atención la visible diferencia que mostraba este Servicio con el resto del hospital ¿Qué era lo que lo distinguía y que nos hacía sentirnos orgullosos de trabajar en él? En corto tiempo supe que su autor era el Dr. Héctor Ducci en ese entonces Sub Jefe del Servicio. Graduado
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Isabel Budge de Ducci
Mi querida y gran familia, me siento orgullosísima de cada uno de ustedes y pienso como lo estaría Héctor.
Su padre, abuelo y bisabuelo era un hombre extraordinario en todo sentido. Lo conocí a los 15 años y ya no nos separamos más. Nos casamos ocho años después. Como buen italiano era de temperamento emotivo, muy buen mozo, alegre, le gustaba bailar, muy elegante y perfeccionista.
Quería a su familia con pasión y era un padre exigente pero cariñoso. Recibía a cada hija o hijo que nacía con la misma ilusión y felicidad. Así fueron llegando:
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